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lunes, 21 de noviembre de 2011

Chillida en la Fundación Cristino de Vera

Chillida: vibración muda
en la Fundación Cristino de Vera


Muestra diseñada por el Museo Chillida-Leku, con obras pertenecientes a dicho museo, que tiene su sede en Hernani, San Sebastián.
Comisariado: Ignacio Chillida Belzunce, Director General Área Obra y Artista.




Ignacio Chillida, que ayer asistió a la inauguración de una colección de 16 obras que llevan la firma de su progenitor y que se exponen en la Fundación Cristino de Vera de La Laguna, admitió que el monumento que el donostiarra planificó construir en Fuerteventura se frenó por unas cosas que no tienen que ver con el arte.
"Era una obra que él deseaba acometer y sólo lamento que todos los canarios se lo estén perdiendo", comentó Ignacio Chillida casi en el descuento de la conferencia de prensa que se organizó ayer en la Fundación Cristino de Vera de La Laguna para presentar la exposición "Chillida. Vibración Muda". El gestor del museo Chillida-Leku de San Sebastián fue un poquito más lejos cuando reflexionó sobre "lo mal que lo había pasado Eduardo Chillida" cuando fue perseguido por los que se oponían a su obra monumental en territorio majorero: "A mi padre le costó su salud lo mal que se trató el proyecto de Tindaya", aclaró Ignacio.
"Almas gemelas"
Minutos antes de que la visita de Ignacio Chillida quedara eclipsada por el "caso Tindaya", el director de la Fundación Cristino de Vera, Celestino Celso Hernández Sánchez, agradeció al representante del museo Chillida-Leku "el esfuerzo realizado por las personas e instituciones que han hecho posible que una obra tan monumental pueda verse en La Laguna".
"Cristino de Vera ha sido el verdadero motor de esta exposición", reveló Chillida sobre la colección que se podrá ver en la Fundación Cristino de Vera hasta el próximo 9 de diciembre.
"Él y mi padre entienden la vida desde el mismo punto de vista filosófico, sus formas de pensar son parecidas y en cierto modo son dos almas gemelas", enumeró Ignacio, quien destacó que tanto el tinerfeño como el vasco comparten su interés por el silencio, la espiritualidad y el misticismo. "Incluso", prosiguió, "la figura de San Juan de La Cruz fue un faro para ellos", dijo antes de hablar del contenido de la muestra "Vibración Muda".
Alabastro, tierra cocida, metal y papeles "atados" con hilos fueron los materiales elegidos por Chillida para dar vida, entre los años 1984 y 2000, a las seis esculturas y las diez gravitaciones (relieves) que se exponen en el 18 de la calle San Agustín de La Laguna. "En realidad, las gravitaciones son esculturas, creaciones que surgen por el rechazo del artista al uso de adhesivos para dar forma a sus piezas. De alguna manera, era su constante lucha contra Newton, contra la gravedad", dijo Ignacio Chillida.


JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Publicado en El Día, Sábado día 10-10-09
http://www.rtvaguacabra.com/Noticias/votadas/a_mi_padre_le_costo_su_salud_lo_mal_que_se_trato_el_proyecto_de_tindaya.html



La obra de Chillida, el escultor de las vibraciones mudas, se exhibe en La Laguna

Santa Cruz de Tenerife.-  "¿No es la materia también espacio, un espacio más lento? Atravesar el espacio silenciosamente, conseguir la vibración muda", escribía en un poema Eduardo Chillida, escultor cuyas obras se exhiben desde hoy en la sede de La Fundación Cristino de Vera, en La Laguna (Tenerife).

La fundación del pintor canario, "alma gemela" del escultor vasco, según afirmó hoy su hijo, Ignacio Chillida, ha sido el espacio elegido para mostrar hasta el próximo 9 de diciembre algunas de las últimas creaciones del artista procedentes del Museo Chillida-Leku, en San Sebastián.
"Cristino y mi padre tuvieron la misma filosofía de vida, un mismo pensamiento, fueron dos almas gemelas", comentó Ignacio Chillida.
Los dos artistas compartieron su interés por el silencio, la espiritualidad y el misticismo, y otras influencias recurrentes en sus obras como la figura de San Juan de La Cruz, personaje "que fue un faro para ambos".
La muestra, que fue presentada por el hijo del escultor, Ignacio Chillida, y el director de la Fundación, Celestino Celso Hernández, se compone de dieciséis piezas, esculturas y gravitaciones, realizadas por el artista entre 1984 y 2000 con tierra cocida, alabastro, y metal, uno de los materiales más presentes en la obra del escultor vasco.
Diez "gravitaciones", relieves elaborados con papeles hechos a mano y unidos mediante hilos, cuelgan de las paredes de la sala de exposiciones.
Estas creaciones surgen del rechazo del creador al uso de adhesivos para dar forma a sus piezas, y, según explicó su hijo, de su "constante lucha contra Newton, contra la gravedad".
A ellas se suman Bersakada III (abrazo en euskera), En el límite I y Homenaje a Hokusai II, tres esculturas de acero correspondientes a la etapa más madura de la producción artística del creador, donde se decanta por piezas más dúctiles en contraste con sus primeras obras, de formas puntiagudas y lanceoladas.
Una enorme pieza de alabastro, donde el artista difumina los límites que separan materia y espacio, y dos obras creadas a partir de tierra chamota, materia que puede ser manipulada en un bloque sólido y compacto, completan la exposición.
Piezas que son fruto de ese especial diálogo que mantenía el artista con los materiales y de su obsesión por una cierta simplicidad, su gusto "por quitar en lugar de añadir", aclara su hijo.
Creaciones de pequeño tamaño que contrastan con sus grandes obras monumentales destinadas a espacios públicos, como el proyecto que el artista realizó para la Montaña de Tindaya, en Fuerteventura, inacabado.

EFE
Actualizado 09-10-2009 CET


Cristino de Vera. Vánitas



Vanitas. Cristino de Vera




Hernández, Celestino Celso






Otras menciones de responsabilidad: Traducción: Dwight Porter 
Colección: Catálogos de exposiciones 
ISBN: 978-84-8103-552-0 
Año: 2008 
Descripción física: 104 págs. 19,5x15,5 cms. Rústica. Español / Inglés


Departamento de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria


Las Palmas de Gran Canaria : Centro Atlántico de Arte Moderno, 2008
Número de control: 116814
Signatura: AR VER-CR 6
Localización: Sala



Fundación  Cristino de Vera
Bibliografía
Monografías
AA.VV., (Celestino Celso Hernández, Juan Manuel Bonet, Andrés Sánchez Robayna, Fernando Castro Borrego, Juan Cruz Ruiz y Álvaro Marcos Arvelo), Fundación Cristino de Vera, Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, Publicación nº 374, Colección de Arte 75, Madrid, 2009.


Catálogos de exposiciones monográficas
CELSO HERNÁNDEZ, Celestino, Cristino de Vera. Vanitas, [Catálogo de la exposición en el Centro de Artes Plásticas, 18 Abril - 16 Mayo 2008], Las Palmas de Gran Canaria, 2008.
CELSO HERNÁNDEZ, Celestino y MELIÁN KIRILOFF, Karen, Cristino de Vera en las colecciones canarias 1954-1984, [Catálogo de la exposición en la Fundación Cristino de Vera, 28 Julio - 30 Septiembre 2009], Fundación Cristino de Vera - Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, Tenerife, 2009.




http://www.edicionesdelcabildodegrancanaria.com/index.php?option=com_publicaciones&view=publicacion&id=728&Itemid=11
http://biblioteca.artium.org/Author/Home?author=Celso%20Herna%CC%81ndez%2C%20Celestino.

http://fundacioncristinodevera.com/articulosseccion.php?IdSeccion=68

Cristino de Vera, una vida aprendiendo cómo morir con dignidad


La muerte y la pintura canaria
Cristino de Vera, una vida aprendiendo cómo morir con dignidad




Pocas personas podremos encontrar que hayan estado tan en contacto con la muerte como Cristino de Vera, pocas que hayan indagado tanto en la muerte. En efecto, Cristino de Vera ha dedicado toda una vida a aprender cómo morir con dignidad. Y esa podría ser una buena forma de definir la trayectoria vital de Cristino. Son sus propias palabras las que así lo determinan, cuando, superado su setenta cumpleaños, y a cuenta de haber dado a conocer un conjunto de escritos propios, ‘La palabra en el lienzo’, reconoce: “Uno nunca deja de aprender. Yo mismo, ahora, trato de aprender cómo morir con dignidad”. (Luis Alemany: ‘Y el arte se volvió palabra. La pureza de los mendigos es la grandeza de los pintores’)
Este planteamiento ante la muerte fue recogido, hace ya más de tres décadas, por A. M. Campoy: “Estos cráneos marfileños, donde la luz ha evitado con su puntillismo solar toda relación con el guiño, son los cráneos de las gentes que aprendieron el oficio de bien morir, como quiere Fray Luis de Granada, ascéticos cráneos para meditar sin terror y sin asco, suaves calaveras”. (A. M. Campoy, ‘Vida y obra de Cristino de Vera’)
Cristino de Vera ha estado buena parte de su vida haciendo frente a esa realidad, intentando encontrar una explicación razonable, procurando descubrir al menos sus secretos, y sin embargo, como recoge Cristino en uno de sus escritos, no existe “ni huida que la resista / ni razón que la describa / ni sabiduría que la comprenda”. (Cristino de Vera: ‘A tan oscura quietud’, 1995)
Cristino de Vera ha tenido la muerte consigo desde la misma infancia. Así, ante la pregunta de que comente “una imagen poderosa de su niñez, algo que le vuelva siempre”, Cristino responde: “Una vez me llevaron al Lazareto (El Lazareto de Santa Cruz de Tenerife se encontraba en la salida sur de la ciudad, en donde hoy está el Parque marítimo César Manrique. En el puerto de Santa Cruz se realizaban inspecciones a los navíos, a fin de evitar las epidemias, hasta que en 1582 unos tapices propagaron la peste de Landres, que causó muchos fallecidos. A fin de evitar nuevos sucesos desgraciados se preparó una instalación, conocida como Lazareto, donde tenían que hacer cuarentena los sospechosos de contagio de epidemias. El nombre se tomó de una orden religiosa y militar, liderada a inicios del siglo XII por San Lázaro, que actuó en Palestina para combatir a los musulmanes y desalojarlos de los “Santos Lugares”) y allí embalsamaban a un capitán de barco. Querían conservarlo para llevárselo a su tierra. Se reían de él. Le perdieron el respeto. Yo era muy pequeño, tenía 14 años. Y aquello me produjo una gran ansiedad, allí vi la crueldad humana.”
Llega a dar la impresión que a Cristino de Vera le acompañaba la muerte desde su familia, como si hubiese recibido una extraña herencia, que él recogiera con resignación y que ha ido administrando con celo a lo largo de toda su vida, sin siquiera cuestionarla, al contrario procurando entenderla. Vuelven a preguntar al pintor: “¿Y qué hizo que su pintura adquiriera esos tintes melancólicos que siempre tuvo?”. A lo que Cristino responde: “La muerte prematura de dos de mis tíos; estaban en el manicomio. A mi tío Manolo le recluyeron a los 19 años porque vino la guerra y él no quería ir; murió 10 años más tarde. Esas cosas supongo que me llevaron a la melancolía”.
Una y otra vez Cristino de Vera se ha encontrado con la muerte. Una vez más el artista nos descubre etapas de su vida, que nos ayudan a poner claridad a este tema: “En la juventud tuve crisis muy fuertes, eso me vino de familia. Un día iba por Playa Chica, en el Médano; iba corriendo por la calle y tropecé con una señora embarazada. Me dijo: ‘¡Ya me has matado al chico!’ Al principio no le di importancia, pero al llegar a casa no pensaba en otra cosa: ya maté al chico… Y salía por las noches y por las tardes, pero nunca la volví a ver más. Fue un sentimiento de culpa terrible…” (Juan Cruz: “El último místico”, ‘El País Semanal’)
Cristino de Vera incorporó el tema de la muerte en su obra desde las primeras etapas, si bien en los primeros años no como tema central de la composición, ni tampoco con el protagonismo que en el futuro adquirieron los cráneos, como único elemento presente en el cuadro, o acaso acompañado de una vela, una rosa o un recipiente. Según estudiosos de su obra, ya en los años cincuenta (Cristino de Vera inició su andadura artística a los veinte años, con su participación en una muestra colectiva en la galería Xagra de Madrid, en 1952, y dos años después, en 1954, presentó su primera exposición individual, en la galería Estilo, también de Madrid, con el apoyo crítico de un destacado especialista del momento, José María Moreno Galván), Cristino se ocupó de la muerte, si bien dentro de una imaginería religiosa bastante ortodoxa, concentrada casi en exclusiva en el tema de la muerte del Cristo. Será a mediados de los 60 cuando la ‘vanitas’ se convierte en el referente más habitual de la pintura de Cristino de Vera.
Si acudimos a otros estudios, que nos hablan de una segunda etapa de Cristino durante los años 60, si bien confirman la atención que presta el artista al tema de la muerte, sitúan en concreto el predominio de las ‘vanitas’ en fechas posteriores: “Su pincelada se vuelve mucho más luminosa y clara en detrimento de los colores oscuros del momento anterior y el tema de la muerte se hace patente en la pintura […] en los bodegones, junto a elementos cotidianos aparece el cráneo humano”. Elementos utilizados por Cristino en su pintura, como el cráneo, aparecen también en los años setenta. “Será en los años 80 cuando las escenas de exteriores, cementerios y vistas de Castilla, Toledo y Sur de Tenerife, sean contempladas a través de ventanas, comunicando así dos espacios” –‘Cristo y Castilla’, 1985-. “Las ‘Vanitas’ son tema fundamental en esta etapa: cráneos y espejos nos recuerdan la fugacidad de la vida”. (Karen Melián Kiriloff: “Reflexiones en torno a la obra de Cristino de Vera”, ‘Revista de Historia’)
Los artistas contemporáneos no han dejado en ningún momento de indagar en el tema de la muerte. Así ha sucedido hasta nuestros mismos días, en los que Cristino de Vera ha venido a ocupar un lugar muy destacado, tanto en la plástica española actual como en particular entre los artistas que han tenido a la muerte como un tema recurrente en su obra. Esta es la razón por la que ha sido invitado a exponer en el Centro de Artes Plásticas, de Las Palmas, en coproducción con la Fundación Cristino de Vera. La muestra de Cristino se inscribe en un proyecto más amplio, desarrollado por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), que lleva por título ‘Cuatricromía de la Muerte’.
Hace ahora una década Cristino de Vera participó en otra cita artística, que tuvo a la muerte como tema protagonista. La Fundación Cultural Mapfre Vida presentó, en mayo del año 1996, la muestra ‘Postrimerías. Alegorías de la muerte en el arte español contemporáneo’, comisariada por Fernando Huici. La exposición reunía cerca de sesenta obras, que iban desde los artistas José Gutiérrez Solana, con obras como ‘El espejo de la muerte’, y Pablo Picasso, con obras como ‘Calavera y tres erizos’, a Miquel Barceló y José María Sicilia, incluidos además otros artistas más cercanos generacional y anímicamente a Cristino, como Luis Fernández y Juan Barjola. La crítica de ‘Postrimerías’ recordaba que en el siglo XX las ‘Vanitas’ han servido de inspiración a artistas como Paul Cézanne, Andy Warhol, Gerhard Richter, Robert Mapplethorpe y también Cristino de Vera, “un pintor para el que la muerte es una auténtica obsesión”.
Para la muestra ‘Cristino de Vera. Vanitas’, inscrita en la propuesta ‘Cuatricromía de la Muerte’, que promueve el CAAM, y en la que Cristino de Vera adquiere aun más protagonismo, se presenta un conjunto de veinticuatro óleos sobre lienzo, todos ellos con el tema dominante de los ‘Cráneos’ y las ‘Vanitas’, realizados por Cristino a lo largo de más de dos décadas, desde 1972 –‘Muerta’- a 2004 –‘Ventana, cráneo y rayo’ y ‘Ventana, cráneo y Teide’-. A través de esta selección de obras, perteneciente en su mayoría a la Fundación Cristino de Vera, gestionada por CajaCanarias, así como al legado del artista al Gobierno de Canarias y algunas colecciones particulares, podemos acercarnos a un tema del que Cristino no se ha separado nunca.