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viernes, 18 de noviembre de 2011

La Escuela de Arte celebra su Centenario






Centenario
Escuela de Arte y Superior de Diseño
‘Fernando Estévez’ - Tenerife







Escuela de Arte de Tenerife, centenaria y cuna de las enseñanzas artísticas insulares


Celestino Celso Hernández Sánchez
Historiador del Arte


Viajamos a lo largo de nuestras vidas con determinadas imágenes, que han llegado en un
momento dado a nosotros, para permanecer en la memoria, a pesar del paso imparable del
tiempo. Una de esas imágenes, en mi caso, es la que tuve desde la primera ocasión en que acudí
a la entonces Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Tenerife, en su sede de la Plaza
Ireneo González, en la ciudad de Santa Cruz. El edii cio, en el que se encontraba la sede de la
Escuela, llamaba la atención incluso antes de entrar en sus aulas, pasillos y patios.
Las calles Numancia –nombre que ostenta esta vía desde el dos de enero de 1872-, Jesús Nazareno -nombrada así desde el cuatro de agosto de 1873- y Sabino Berthelot –conocida como calle de Las Flores hasta el once de diciembre de 1901- desembocan en una pequeña y recoleta plazoleta, antiguamente conocida como La Constructora, en la que destaca un pequeño busto, en el centro de la misma, erigido a la persona de Ireneo González, que falleció en el año de 1918. En las cercanías estaban dos de los más habituales lugares de encuentro, cuando llegué a la Escuela en los primeros años ochenta, la Venta y Bar Sorocaima en la calle Numancia, y la Pensión Valverde y el Bar Vancouver en la calle Sabino Berthelot. Buena parte de los mejores ratos transcurrían a pie de mostrador, entremezclados con la entrada y salida de las personas que venían a comprar algunos comestibles, en el primero de los casos, y los que lo hacían para
dejar sus bártulos o recoger sus cosas tras una estancia, en el segundo caso.
Una vez se llega a la pequeña plaza, de pronto se alza una amplia y destacada fachada, sin espacio suficiente para poder verla con sosiego, si no se fuerza el cuello más de lo habitual. Resaltaba sobre todo su portal de acceso, en piedra tallada, nada común precisamente, como bien sabemos, en las construcciones de las islas, salvo en las edificaciones más solemnes y destacadas. En ese portal encontramos determinadas i guras y lemas inscritos, que nos servían de antesala para prepararnos sobre el lugar al que íbamos a acceder. Coronando la fachada, en lo más alto del frontispicio, a la izquierda nos encontramos con la i gura de Minerva, Atenea, la diosa griega de la guerra, que los romanos convirtieron en diosa de la sabiduría y patrona de las Artes y Oficios, y a la derecha la i gura de Mercurio, el Hermes griego, hijo de Júpiter, dios


del comercio y la elocuencia, que encarna a su vez a la Industria. Ambas esculturas, en mármol, fueron diseñadas por Gumersindo Robayna (Tenerife 1829-1898). En el centro del hastial figura un reloj, que durante muchos cursos señalaba las horas de entrada y salida de las clases a los alumnos y profesores, y que a partir del momento en que el edificio ha dejado de albergar la sede de la Escuela, para convertirse hoy en Escuela Taller, Casa de Oficios y Centro de Empleo, sus grandes agujas han quedado para siempre clavadas en las siete menos cuarto de la tarde. Una placa, a la derecha y a media altura de la fachada, nos recuerda que en este edificio tuvo su sede también el Instituto Municipal de segunda enseñanza. Al pasar el edificio a ser propiedad del Ayuntamiento de Santa Cruz, en los años veinte del siglo XX, entre sus paredes se instaló el primer centro de Bachillerato de la ciudad. El texto de la placa, a la que aludimos antes, nos
recuerda además, con fecha de tres noviembre de 1978, a la veintidós promoción, en la que figuraban como profesores nombres de la talla de Pedro Suárez, Francisco Bonnin Guerin, Manuel López Ruiz y Leocadio Machado.
Todos los que han tenido oportunidad de acceder a la Escuela de Arte, en la plaza Ireneo González, suelen hacer el mismo comentario, cuando surge el recuerdo: allí se respiraba arte. Sí, en efecto, se respiraba arte desde el largo pasillo de entrada, que daba a su vez a una solemne escalera de ida y vuelta, muy amplia, en la que en ocasiones se solían sentar los alumnos a comentar sus trabajos, y a buscar ayuda los que menos se les daba el dibujo o la pintura con los que más pronto cogían la habilidad para resolver los ejercicios, que les planteaban los profesores. Arte encontrábamos en los talleres, que se distribuían en la planta baja, dando a sendos pasillos laterales. Y arte también en la planta superior, en la que se repartían las aulas de dibujo artístico y lineal y de historia del arte. Arte, en suma, en el salón principal, que recorría todo  lo largo de la fachada, configurándose como el Salón noble más largo, y grande en capacidad, de todos los que existían en la ciudad de Santa Cruz. Mucho esfuerzo costó, peticiones y hasta manifestaciones de algunos valientes profesores y alumnos, para que se emprendieran las obras de reforma necesarias en este emblemático edificio. Y hasta la vida pudo costarnos, cuando ya camino de recuperar lo restaurado, en un momento se oyó un crujido seco, al que siguió un estallido con ramificaciones, como un rayo que hubiera corrido por la pared, amenazando con venirse abajo toda la cubierta.
Más tarde supimos, pasado el tremendo susto, que la estructura que había preparado el excelente arquitecto que fue don Manuel de Oraá (Burgos 1822-Santa Cruz de Tenerife 1889), autor de la entonces sede de la Escuela, no había sido respetada en el proceso de restauración. Don Manuel de Oraá era arquitecto provincial de Canarias, y municipal de Santa Cruz de Tenerife, en la fecha de 1877, cuando recibe el encargo de realizar los planos de un edificio capaz de albergar la Sociedad de Socorros Mutuos y de Enseñanza Gratuita. Bernabé Rodríguez Pastrana, que vivió hasta el quince de mayo de 1892, fue Alcalde de Santa Cruz en 1857 y 1868, y Presidente de la citada asociación en 1881, fundada por él para crear un centro de estudios, la “Institución de Enseñanza”. Volviendo al edificio sede de la Escuela, en 1883 i guraba como director de las obras Francisco de Aguilar y Fuentes, y a Manuel de Oraá le sustituiría por renuncia propia Manuel de Cámara, sin que pudiera ver i naliza esta obra, pues fallecía el año 1889. La obra se terminó en 1894, en estilo de los últimos momentos del neoclasicismo y pinceladas ya del romanticismo, pudiéndosele considerar también dentro del eclecticismo, pues en el cuerpo superior cuenta con ventanillo de trazos manieristas. Oraá había diseñado un amplísimo salón con paredes muy anchas, de piedras, barro y otros materiales de relleno, para soportar una cubierta ligera de metal, entonces de moda, capaz para cerrar grandes espacios como salones o mercados. De hecho era una de las pocas cubiertas de sus características y catalogadas, que se conservaban en Canarias. Sin embargo, no sólo no se conservó la estructura original, sino que su sustitución nos supuso un grave riesgo, como ya hemos adelantado, para los que entonces


transitábamos por las aulas y pasillos de Ireneo González.
Las Escuelas de Artes y Oi cios surgen en distintos distritos (provincias) de España a partir de 1886, con la Escuela Central de Artes y Oficios, en Madrid, tras su separación dei nitiva del Real Conservatorio de Artes, al que estuvo adscrita como Escuela de Artes y Oficios, desde que se creara como tal escuela de arte en 1871. El primer plan de estudios data de 1886, y a éste le seguiría un segundo plan en 1895. Por Real Decreto de 1900 se crearon las Escuelas de Artes e Industrias, reorganizando y fundiendo las Escuelas de Artes y Oficios y las provinciales de Bellas Artes. Otra trasformación más del plan de estudios tuvo lugar en 1907, antes de su nueva reconversión en el año 1910, por la que se dividieron estas enseñanzas en dos ramas y dos tipos de centros: las Escuelas Industriales y las Escuelas de Artes y Oficios.
La primera de las Escuelas de Artes Aplicadas y Oi cios Artísticos de Canarias fue la que se instaló en la isla de Tenerife, tomando en el año 1910 la denominación de Escuela Municipal de Artes Industriales, y en el año 1911 el nombre de Escuela Municipal de Artes y Oficios. Figuran como profesores fundadores de la Escuela de Tenerife Pedro Tarquis, Teodoro Robayna, Filiberto Lallier y Eduardo Tarquis. La nómina de otros docentes “pioneros” de nuestra Escuela representa, por sí misma, lo más granado de los artistas canarios de la primera mitad del siglo XX: Manuel López Ruiz, Nicolás de la Oliva, Miguel Tarquis, Álvaro Fariña, Mariano de Cossío, Pedro de Guezala y Carlos Chevilly. En Canarias se acabarían instituyendo un total de cuatro escuelas: la “Fernando Estévez” de Santa Cruz de Tenerife, la de Santa Cruz de La Palma, en la calle Trasera o de Álvarez Abreu, cuyos inicios se fijan en el año 1913, la de Las Palmas de Gran
Canaria, y la “Pancho Lasso” de Arrecife de Lanzarote, siempre que no tengamos en cuenta la vida efímera que tuvo la de San Sebastián de La Gomera. Las crónicas de principios del siglo XX nos cuentan que las Escuelas de Artes y Oi cios se implantaron, pues “la delicada situación económica, social y cultural que se padecía en la isla, hacía necesaria su creación para la instrucción en artes, oficios y formación profesional de la clase obrera”. Se impartían clases de Modelado y Vaciado, Dibujo Artístico y Lineal, Historia del Arte, Elementos de Construcción, Aritmética y Geometría, Mecánica, Física y Química.
Otro momento destacado en la trayectoria de las enseñanzas artísticas tuvo lugar en el año 1963, fecha de una nueva Reforma, que vino a suponer otro modelo educativo. El Decreto 2127/63, de 24 de julio, en su artículo primero, trajo además consigo la nueva denominación de estos centros: Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.


La Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Santa Cruz de Tenerife ha sido germen y semillero, no sólo de generaciones y generaciones de artistas y profesionales de las artes y los oficios artísticos, sino también de las enseñanzas de las artes a lo largo del siglo XX en las islas. De su propio seno surgió en el año 1948 la Escuela Superior de Bellas Artes, siendo su Director Arturo López de Vergara. Las titulaciones de esta escuela superior estaban autorizadas por la Real Academia (1843) y la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (1940), con sede en Sevilla. Y de las aulas de la escuela de Ireneo González surgió también la actual Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, que inició su andadura mediante Real Decreto de veintinueve de septiembre del año 1978. La Facultad enfocó su programa hacia el dibujo, la pintura, la escultura, el grabado, las artes de la imagen y el diseño, y las técnicas de restauración. De hecho, dos de los principales impulsores en la creación de la Facultad de Bellas
Artes de La Laguna, Pedro González y Rafael Delgado, eran profesores de la Escuela de Artes y
Oi cios, y lo volvieron a ser cuando ésta se vio obligada a abandonar su sede de la plaza Ireneo
González.
Tuve la  fortuna de llegar a la que hoy es Escuela de Arte “Fernando Estévez”, veinte y seis años atrás, en el momento en el que se producía un cambio generacional en su profesorado. Con fecha de 15 de noviembre de 1983, la Dirección General de Personal y Servicios, entonces del Ministerio de Educación y Ciencia, autorizaba mi incorporación a la Escuela como Profesor de Historia del Arte, como interino asimilado al cuerpo de profesores de Entrada. Este ingreso coincidió con la incorporación del compañero Alfonso Silván Lago, en su caso como profesor de Dibujo Lineal, ocupando el cargo de Directora la Arquitecta Técnica, y profesora también de Dibujo Lineal, Concepción Dávila. Llegué cuando se procedía a la celebración del homenaje a profesores como Miguel Márquez, destacado escultor que buscó su retiro en Punta del Hidalgo, donde la mar se ve desde lo alto, Cecilio Campos, entonces de pocas palabras, paciente y meticuloso “manufacturador” de la pintura, y Felipe Padrón (Güimar), privilegiado partícipe en la dirección técnica de la Basílica de Candelaria, por el año 1949, junto al renombrado arquitecto José Enrique Marrero Regalado (Granadilla 1897-1956). Los conocí a los tres, si bien no compartí docencia con ellos, aunque sí supe del buen hacer y el buen recuerdo que dejaron a su paso por la Escuela. Como también oí hablar del particular magisterio, al tiempo que respeto, que inspiraba un profesor al que popularmente se le conocía como “el cachimba”, el palmero Antonio González Suárez (El Paso 1915 – Tenerife 1992), que bien puede presumir de ser uno de los más grandes acuarelistas de estas islas.
Sí, tuve el privilegio de ser compañero en las tareas docentes con otros prestigiosos profesores, comenzando por Pedro González (La Laguna 1927), destacado artista ya entonces, reconocido impulsor de la renovación artística de Tenerife, liderando el grupo Nuestro Arte, creado en el año 1963, y que volvió por la Escuela tras su singular paso por la Alcaldía de la ciudad de La Laguna, para trasladarse finalmente a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna. Facultad, por cierto que se había nutrido, en buena parte de su primer claustro de profesores, de la antigua Escuela de las Artes y los Oficios. Esta es una historia que no ha sido del todo bien contada, ni tampoco adecuadamente interpretada por ambas partes, y que deberá tener un día el reconocimiento que en buena ley le corresponde a la Escuela, como impulsora natural de la  Facultad. Una tarea en la que, como ya indicamos con anterioridad, tuvo bastante que ver también el profesor Rafael Delgado, con el que me cupo igualmente la fortuna de compartir docencia. Fue, de hecho, de los profesores que durante más tiempo simultanearon sus enseñanzas, tanto en la Escuela como en la Facultad, hasta que completó el Doctorado en ésta última, retirándose finalmente en ella del ejercicio activo.


Fui compañero además, en los años ochenta, de Ángel Camacho (Santa Cruz de Tenerife 1935), que ejercía de Secretario, y que ya entonces mostraba una prolífica producción como autor teatral, hermano por otra parte de uno de los directores de teatro más innovadores de las islas, Eduardo Camacho, que sería por cierto el primer Decano de la Facultad de Bellas Artes. Tuve, por otra parte, la suerte de ser compañero de uno de los profesores de religión, que a buen seguro muchos hubiesen querido tener por tal. Me rei ero al famoso padre Adán –José Miguel Adán- (Puerto de la Cruz), al que se le conocía por sus singulares sermones, del mediodía de los domingos, en la Catedral de La Laguna, por lo atrevido y progresistas, que resultaban para los años setenta, aún vigente el régimen franquista. También era amplia su fama por el “apodo” por el que se le conocía, el “cura guapo”, razón según algunos de por qué contaba con muchas feligreses femeninas de buen ver, que a su vez conseguían acercar hasta la Catedral a un público masculino joven, aunque éstos más bien solían dar la excusa de que acudían a misa por los mensajes progresistas de aquél cura diferente. Compartí horarios con profesores como Gerardo Martínez, que se sabía todos los secretos del vaciado, al frente de su taller de “Vaciado y Moldeado”, pero que tenía su cabeza y su corazón en volver cuanto antes a su querida Galicia. También Isabel Rueda, a la que no se le escapaba nada en el mundo textil, teniendo que lidiar con la mal ganada fama que arrastraban los estudios de bordados y encajes, desacertado nombre en el momento en que empezaba a imponerse el diseño de moda. Antes de regresar a su querida Andalucía, dejó un recuerdo imborrable con la realización del repostero, que preside el salón de actos de la actual Escuela, además de sus valientes incursiones en el complejo entramado de los trajes del Carnaval. Ana Lavers vino desde la Escuela de La Palma a sustituir a Isabel, y se mantuvo activa entre nosotros, hasta su jubilación como docente, ya en la sede del camino del Hierro. Entre otras tantas satisfacciones profesionales me cupo, igualmente, la de ser testigo de la vuelta a Canarias de uno de los  más grandes escultores insulares del siglo XX, Manuel Bethencourt (La Habana 1931), que vino a ejercer en la Escuela de Santa Cruz procedente de Madrid. Curiosear en su taller, justo a la entrada a mano derecha, suponía una doble satisfacción, la de deleitarse por una parte con varias de sus más conocidas y monumentales esculturas, y la de verlo trabajar por otra parte en nuevas obras, además del ejercicio de enseñar en sus alumnos.
En los siguientes años, compartí tareas escolares con el fotógrafo Antonio Casanova, que supuso un cierto “martirio” para algunos compañeros, por el ejercicio que realizaba como Jefe de Estudios, sin que su profesionalidad fuera cuestionada, y siempre nos preguntábamos hasta donde había llegado en su profesión, nunca del todo contada, salvo el detalle especial de que había tenido oportunidad de fotografiar a Pablo Picasso. Enseñanzas compartidas con el muy querido compañero José Antonio de la Cruz, al que pocos le podían hacer sombra en lo que a ebanistería se trataba, y cuya mayor aspiración siempre fue la de ir a mostrar su trabajo, y el de sus alumnos, allí donde tenían sus talleres los más afamados ebanistas de Canarias, en el valle de La Orotava. De igual modo, Daniel San Luis, que llenaba la Escuela de ruidos secos de martillazos, desde el patio trasero donde estaba su taller de Metalistería. También el conocido escultor Eladio de la Cruz (Santa Cruz de Tenerife 1934), que repartía magisterio por igual en sus clases, que fuera de la Escuela, en las escapadas que un grupo de profesores nos dábamos, de vez en cuando, por ese Norte, como a él mismo le gustaba decir. Y Francisco Zuppo (Santa Cruz de Tenerife 1944 – 1997), uno de los más singulares pintores del medio siglo de las islas, que a menudo tenía que cargar con la cruz, muy a su pesar, del equívoco que producía su nombre, con un forofo del fútbol, junto con su muy bien ganada fama de artista solitario y muy particular. También José Luís Cedrés (Santa Cruz de Tenerife 1942), artista de los sesenta, que sigue a la generación de Nuestro Arte, compañero de Zuppo en el grupo Obsidiana, y acertado superviviente entre los artistas que por entonces destacaron.


Nombres, en suma, todos ellos, que pueden i gurar sin ningún menoscabo en cualquier cartel de artistas y profesionales, que se quiera componer en estas islas. Una suerte, por lo tanto, una satisfacción, el haber podido compartir con ellos algunos años de docencia artística. Y finalmente, al ingresar como profesor en la antigua Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, ya se encontraban también en ella, ejerciendo como profesores, la pintora Gloria Díaz (Tijarafe 1953), que cumplió un tiempo además de Directora, y con la que coincidí como ViceDirector, y el escultor Medin Martín (Breña Alta 1955), con el que a partir de ese momento he compartido amplias jornadas de docencia y también de actividad artística y de amistad. Compañeros de entonces, además, como los profesores de dibujo artístico Concepción Barrera y Alex Herrera, de cerámica Mercedes Tiana, de artes grái cas Francisco, de dibujo lineal Juan Dávila y de historia
del arte Mari Carmen Ortiz.
Toca ahora celebrar el Centenario de la Escuela, punto en el que se produce cierta confusión, con respecto a la fecha exacta que corresponde al centenario, pues aparecen distintas referencias, que sitúan los inicios tanto en el curso 1909-1910, como en fechas incluso posteriores hasta el 1912-1913. Esta circunstancia depende, de algún modo, del asunto en concreto que se tome como referencia: bien la creación de las enseñanzas de artes y oficios, y la promulgación del correspondiente decreto en el boletín oi cial, bien el inicio de dichas enseñanzas en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Sea del modo que sea, la actual Escuela de Arte y Superior de Diseño “Fernando Estévez” puede “presumir” a partir del presente año de centenaria, desde su nueva sede en el camino del Hierro de Santa Cruz de Tenerife, a partir del año 1995, en un edificio diseñado por los destacados arquitectos tinerfeños Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra. Celebración que pocas instituciones de enseñanza y de arte pueden ostentar en estas islas, ingresando así nuestra Escuela en el exclusivo club centenario, en el que ya se encuentran la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (1777), la Universidad de La Laguna (1792) y la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel de Canarias (1849).



Del 8 al 30 de octubre de 2010
Centro de Arte ‘La Recova’
Santa Cruz de Tenerife- Islas Canarias


http://www.escueladeartetenerife.com/Catalogo_baja.pdf

Cueva de Chinguaro. Proyecto de la Escuela de Arte

 

Exposición de la maqueta en el Tagoror de Estudiantes

Lugares arqueológicos de Güímar y Candelaria: Cueva de Chinguaro.



Tres puntos que forman el triángulo territorial que en su conjunto constituye un territorio místico: Chimisay, en la actualidad Playa del Socorro; Chinguaro, hoy en día Las Cruces; y Achbinico, identificado en el presente como Cueva de San Blas, que era el lugar en el que los guanches celebraban las fiestas de plantación y recogida de la cosecha, situaciones que coinciden con los meses de febrero y de agosto.

Este trabajo con el alumnado de los ciclos formativos de Modelismo y Maquetismo, Ilustración, Fotografía e Historia del Arte de la Escuela de Arte Fernando Estévez (Tenerife) fue coordinado por los profesores Celestino Celso Hernández y Gabriel Pérez Ortega. El texto fue publicado en Educación Patrimonial. Propuestas creativas desde el espacio educativo 03/04. Coordinado por Sanjo Fuentes Luis. Editado en el año 2007 por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

I. Introducción

El objeto de nuestra investigación se sitúa en la parte baja de casco urbano de Güímar, conocida como Las Cruces, donde se localiza la Cueva de Chinguaro, situada en el Barranco de Chinguaro, hábitat de los Menceyes de Güímar (Tenerife) en la época prehispánica. Lugar al que los guanches trasladaron la imagen de la Virgen, entonces llamada la extranjera, donde permaneció más de medio siglo, y que sería definitivamente conocida como de Candelaria, tras su hallazgo en Chimisay, en lo que hoy es la Playa del Socorro.

Para llevar a cabo el proyecto se actuó en varios frentes o parcelas académicas: el aspecto documental, la orientación plástica, la cobertura fotográfica y audiovisual, y la representación tridimensional.

El estudio patrimonial de Chinguaro, elaborado por la Escuela de Arte Fernando Estévez, consta de una maqueta realizada por los/as alumnos/as de la especialidad de Maquetismo, unas ilustraciones creadas por los/as alumnos/as de Ciclo de Ilustración bajo la tutela del profesor Javier Eloy Campos, un reportaje fotográfico y video montado por alumnos/as de primero de Fotografía dirigidos por la profesora Concetta Rizza, y una investigación de carácter histórico coordinada desde el Departamento de Historia del Arte.

II. Objetivos y valores educativos del Programa y la propuesta creativa
El objetivo de los estudios patrimoniales es trabajar con los/as alumnos/as para conocer, valorar y divulgar el legado histórico, religioso, geográfico, cultural y etnográfico en el que se desenvuelven sus vidas y sus estudios. Se pretende que no se pierda su sentido y su conocimiento, al tiempo que darle una visión actual e incluso una utilidad.
Para conseguir el objetivo del estudio, de la investigación y la divulgación del patrimonio, se necesita la elaboración de un material didáctico, adaptado a la etapa de la educación reglada correspondiente.
Nuestra intención ha sido la de trabajar sobre los tres puntos que forman el triángulo territorial que en su conjunto constituye un territorio místico como este, a saber: Chimisay, en la actualidad Playa del Socorro; Chinguaro, conocido hoy en día como Las Cruces; y Achbinico, identificado en el presente como Cueva de San Blas, que era el lugar en el que los guanches celebraban las fiestas de plantación y recogida de la cosecha, situaciones que coinciden con los meses de febrero y de agosto. Los dos lugares citados en primer lugar pertenecen a la demarcación de Güímar, mientras que el tercero, al que los guanches llevaron definitivamente la imagen para ser venerada, está en el término municipal de Candelaria.
Según el arqueólogo Luis Diego Cuscoy, la isla de Tenerife en el momento de la llegada de los conquistadores españoles estaba dividida en nueve menceyatos o reinos. Los menceyatos del sur de la isla -Güímar, Abona y Adeje- fueron conocidos como de paces, tras haber pactado con los castellanos. Con el fin de la conquista de Tenerife, en el año 1.496, quedó al mismo tiempo conquistada también toda Canarias, conocidas en la Antigüedad con los nombres de Hespérides, Campos Elíseos y, en la época romana, con el de Afortunadas.
De los tres lugares mencionados con anterioridad, nos centramos en uno de ellos, la Cueva de Chinguaro, residencia de los antiguos menceyes de Güímar durante la época prehispánica.
Entre las alternativas que consideramos aplicables a la Cueva de Chinguaro, y con ellas al entorno de la zona güimarera de Las Cruces, está en primer lugar el proceder a la restauración de este lugar arqueológico en la línea de actuación que se determine por los expertos en el tema. Es de reseñar el perjuicio que han causado en esta zona las acciones humanas, entre las que sobresale por su efecto negativo la de haberla convertido en un terraplén, con rellenos en toda la vaguada, en el que se localiza el yacimiento arqueólogico. Una vez retirado el material de relleno es cuando ha vuelto a estar visible y visitable el territorio de la antigua residencia guanche.
Los terrenos en los que se encuentra el lugar arqueólogico objeto de nuestro estudio es propiedad del Obispado de la Diócesis Nivariense. Sin embargo, es el Cabildo de Tenerife el que ha promovido su restauración y ha dispuesto su financiación. Expertos de ambas instituciones, sobre todo arqueólogos, a pesar de mantener posiciones contrarias, se han puesto de acuerdo sobre la mejor restauración aplicable al presente caso.
A partir de ese primer paso restaurador, se establecería un plan de actuación que comprende tres fases:
1. Señalización del lugar como de interés arqueológico e histórico, regularizando las visitas al mismo, y habilitando en las cercanías los espacios necesarios para aparcamientos de vehículos y para la instalación de un punto de información.
2. Regularización del contenido religioso asociado a la Cueva de Chinguaro, disponiendo la obra que se acuerde ejecutar para dar continuidad a esta aspecto relacionado con el lugar una vez alcanzados los acuerdos oportunos entre los arqueólogos, la administración eclesiástica (propietaria del lugar) y la administración civil, promotora de las obras de restauración y rehabilitación.
3. Vinculación de la Cueva de Chinguaro con la ruta que recorre el que hemos denominado territorio místico, es decir, la Playa del Socorro en Güímar y la Cueva de San Blas en Candelaria. Se establecería, por tanto, un plan de actuación a través del cual se propondría un nuevo acceso y rutas para los que practican senderismo y, en particular, para todas aquellas personas que hacen el camino por promesa.
Esta propuesta de actuación puede ser extensible a otros elementos del patrimonio, como por ejemplo la Basílica del Socorro y la Basílica de Candelaria. En dichas construcciones existe un importante repertorio de objetos de culto, joyas y, sobre todo, de imágenes religiosas de la Virgen del Socorro y de la Candelaria que permitirían que iniciativas de este tipo pudieran ser desarrolladas desde el Ciclo Formativo de Escultura y, así, acercar desde esta disciplina el importante patrimonio mueble de Canarias al conjunto de la sociedad.

III. Metodología y estrategia de trabajo
La Cueva de Chinguaro, en el lugar actual de Las Cruces (Güímar), se encuentra en una situación sostenida, con cierto abandono, aunque al menos aparentemente no presenta desperfectos o carencias llamativas o graves. El lugar ha sufrido a lo largo del tiempo diversas transformaciones, algunas de ellas fruto del paso del tiempo y de la acción de los agentes atmosféricos. La Cueva de Chinguaro, en donde se une la historia de Tenerife con la cultura religiosa prehispánica, ya ha sido liberada de los escombros que la ocultaban. La ermita que se construyó encima de la cueva para recordar que en ese lugar estuvo la imagen de la Virgen, fue destruida en el año 1.986. Los cronistas Espinosa y Abreu Galindo recogen que antes de la conquista de Tenerife, habitantes de islas llamadas "menores" conocían que había una imagen de una Virgen que había aparecido en sus playas, y que llamaban extranjera. Aproximadamente medio siglo después de este hallazgo, en la tradición escrita queda constatada la llegada a las costas de Güímar del joven Antón, que había sido hecho cautivo unos años antes por los castellanos.
El proyecto de restauración de la ermita, que está encima de la Cueva, incluye una actuación en el espacio circundante para uso social. La ermita, dedicada a la advocación de la Virgen, está hoy derruida, aunque se conservan sus cimientos y muestras de su existencia. En torno a la posibilidad de recuperarla o no, se ha generado una amplia polémica entre los que la consideran un añadido extraño, y que por tanto no debiera ser recuperada, y aquellos que por el contrario la consideran directamente vinculada con el ugar, y por lo tanto debería ser restituida.
En la Playa del Socorro una cruz conmemora el lugar de aparición de la Virgen. El pozo, al que acudían para abrevar al ganado, se sigue conservando, aunque bastante deteriorado. En el camino por el que se iba a la Cueva de Chinguaro, el lugar en el que dice la tradición que el Mencey pidió socorro, se construyó una ermita bajo la advocación del Socorro. Siguiendo la tradición oral, hacia el año 1.390 ó 1.391, en tiempos del Mencey Acaymo, dos pastores del reino de Güímar llevaron su rebaño a abrevar al pozo situado en la Playa de Chimisay, cuando de pronto se tropezaron con una mujer que les impedía el paso. Como quiera que en la cultura guanche estaba prohibido hablar con una mujer si ésta se encontraba sola, intentaron alejarla mediante gritos y arrojándole piedras. Como no lo conseguían, fueron a avisar al Mencey Acaymo, y este acudió al lugar con sus nobles. Al ver la belleza de la imagen decidió llevarla a su vivienda para venerarla, cargando con ella él y sus nobles, pero al pesarle demasiado la imagen pidió ayuda o socorro. Este es el motivo por el que se levantó una ermita en ese lugar, actual Ermita del Socorro.
En Candelaria se sigue conservando la Cueva de Achbinico, actual Cueva de San Blas. Fue el joven Antón de Güímar el que, al ver la imagen que era venerada en la Cueva de Chinguaro, explicó que se trataba de la Virgen María, convenciendo al Mencey para que fuese venerada en un sitio más acorde con su significado. El propio Antón fue encargado de su custodia hasta su muerte. Al tomar posesión de Tenerife, Diego de Herrera, el 21 de junio de 1.464, supo de la existencia de la imagen, y al pensar que no debía estar entre gentiles la robó y la llevó a la isla de Lanzarote. Una serie de sucesos adversos le convencieron para restituirla a los guanches de Tenerife, motivo que le valió un acuerdo de paces con permiso para comerciar y establecer un torreón en Añaza.
La actual Basílica, centro religioso de la isla de Tenerife que alberga la imagen de la Virgen de Candelaria, Patrona General de Canarias, es un edificio del siglo XX. La imagen que alberga en la actualidad en su interior es obra del escultor Fernando Estévez, que no se conformó con realizar una copia de la original que se había perdido, sino que optó por darle un sello propio, con un colorido más moreno.
Nosotros hemos realizado el proyecto sin sujeción estricta a ningún planteamiento de restauración concreto, y en todo caso sí siguiendo nuestro propio criterio, sin que tal cuestión represente posicionamiento alguno en el debate que se genere. Fruto del trabajo realizado surgen las alternativas o propuestas de futuro, en el presente caso para la Cueva de Chinguaro.

IV. Características del soporte de la propuesta creativa
Respecto al proceso de realización del soporte en el que se presentó la propuesta, una amplia maqueta de la cueva y del entorno del Barranco de Chinguaro, así como su desarrollo y fases de realización, el profesor Gabriel Pérez Otega preparó y organizó a las alumnas del segundo curso del Ciclo Formativo de Modelismo y Maquetismo Jennifer Cabrera González, Beatriz Hurtado Castilla, Alexandra Trudie McKena y María Desirée Reyes Suárez.
De cara a tener un conocimiento más preciso de la zona a intervenir, se realizó una primera visita al lugar. En dicha visita se determinó qué zonas eran las más interesantes para que se reflejaran en la maqueta, y qué ámbito geográfico debería abarcar. Esta primera visita sirvió, además, como preparación para la que se realizó posteriormente con los/as alumnos/as, aprovechando la misma para obtener fotos que sirvieran de guía preliminar.
En la segunda visita a la zona se levantó un croquis y se realizaron mediciones taquimétricas. Como complemento, como ya se adelantó, se llevó a cabo un reportaje fotográfico.
El trabajo en el taller se realizó según el siguiente proceso:
1. Una primera fase en la que se determinó el posterior replanteo.
2. Mediante plantillas de las curvas de nivel se fue dando forma al conjunto, así como determinando las características físicas del objeto a representar.
3. Como material de base se utilizaron planchas, sobre las que se trabajó con cuchillas y lijadoras eléctricas.
4. Una vez conseguida la estructura general, se procedió a dar las texturas y acabados necesarios mediante procedimientos pintóricos y diversos materiales para conseguir una reproducción lo más fiel posible a la realidad.
5. Para la representación final se añadieron elementos de representación vegetal y texturas de agua.
Los/as alumnos/as que realizaron la maqueta manifiestan que su intención con este trabajo ha sido la de representar el lugar en el que vivían sus antepasados, y en qué condiciones lo hacían. Con su exposición se plantean que sea conocido un patrimonio tan importante como este, y que se corrija el lamentable estado en el que se encuentra, tanto por lo que se refiere a las cuevas como a su entorno.

Bibliografía
ABREU GALINDO, Juan de. Historia de la conquista de las siete Islas de Canarias. Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones, 1977.
ESPINOSA, Fray Alonso de. Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones, 1980.
Detalle de la maqueta
VIERA Y CLAVIJO, Joseph de. Historia de Canarias, t. I. 8ª edición. Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones, 1982.
DIEGO CUSCOY, Luis. Los Guanches (Vida y cultura del primitivo habitante de Tenerife). [s.I.]: Publicaciones del Museo Arqueológico de Tenerife, 1968.
RODRÍGUEZ MOURE, José. Nuestra Señora de Candelaria. 2ª edición. [s.I.]: Cabildo de Tenerife/ Ayuntamiento de Candelaria, 1991.

Sábado, 21 de Agosto de 2010
Escuela de Arte Fernando Estévez
Publicado en el número 327

Escuela de Arte "Fernando Estévez". Proyecto

Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos,
Plaza de Irineo González, S/C de Tenerife
Curso 1990-91, de izda. a dcha. Celestino Celso Hernández,
 Pepe Darias, Concha Barrera, Pedro Rodríguez,
 Milagoros Tosco, María Jesús Delgado, Julio Fernández












“LA ESCUELA ADOPTA UN MONUMENTO”




NOMBRE DEL CENTRO
ESCUELA DE ARTE “FERNANDO ESTEVEZ”
CODIGO DEL CENTRO
38006253
DIRECCIÓN
CAMINO DEL HIERRO 6 – S/C DE TENERIFE
TELÉFONO
922202616
FAX
922204794
CORREO ELECTRÓNICO
MONUMENTO
IGLESIA Y CONVENTO DE STA CATALINA DE SIENA
COORDINADOR
CELESTINO HERNANDEZ SANCHEZ
CORREO ELECTRONICO COORD
Nº PROFESORES PARTICIPANTES
17
Nº ALUMNOS PARTICIPANTES
100
DEPARTAMENTOS
Maquetismo, Fotografía, Historia del Arte, Idiomas

FINALIDAD
Búsqueda de acercamiento, conocimiento e implicación en nuestro Patrimonio

OBJETIVOS
Acercarse al conocimiento de la ciudad de La Laguna “Patrimonio de la UNESCO”, del Monumento elegido, y su adopción

ACTIVIDADES PREVISTAS
Recopilación de datos previa, Visita al Monumento, Distribución de tareas
  
PROPUESTAS DE TRABAJO CON FAMILIAS Y VECINOS
Puesta en contacto y búsqueda de colaboración con los padres y madres de alumnos

FORMA DE DIFUSIÓN A LA FINALIZACIÓN
Elaboración de materiales audiovisuales e informáticos para proyección y uso en la red