lunes, 16 de enero de 2012

Manuel Bethencourt. Escultor y Maestro


Manuel Bethencourt Santana. Escultor y Maestro de la escultura en Canarias

77 cumpleaños de Manuel Bethencourt en 2008
Celestino Celso Hernández

Este pasado lunes 16 de enero de 2012, de un extraño e irregular invierno, nos dijo adiós, desde el Hospital Universitario de Canarias, el compañero y amigo Manuel Bethencourt. Al día siguiente, acompañamos a su viuda, la profesora Marisa Bajo, y a sus dos hijas y a su hijo, para darle el último adiós en el Cementerio de Santa Lastenia. Así podría quedar fijada la crónica final de uno de los más grandes escultores, que han dado estas islas. Sin embargo, los que tuvimos la fortuna de compartir muchos días de trabajo con Manuel, como compañeros en la docencia, en la antigua Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, en la plaza de Irieneo González, de Santa Cruz de Tenerife, tenemos muchísimas más cosas que recordar, y muchos momentos compartidos que ahora podríamos contar.
No es mi intención desgranar aquí su curriculum, pues para ello sólo es necesario escribir su nombre en internet y tendremos al momento muchas páginas que nos hablan de la importancia de su trayectoria como profesor, como artista, y del valor de la obra que realizó.
Sí me gustaría recordar el momento de su vuelta a las islas, en el curso 1983-1984, procedente de la Escuela homónima de Artes y Oficios de Madrid, por ser una fecha en la que pude conocerle en persona, y admirar de paso una obra que hasta entonces para muchos nos resultaba desconocida. Y digo desconocida con toda la intención y con todo el pesar, porque parece mentira que apenas nos hubiesen hablado, en los lugares en que nos habíamos formado, de este gran escultor, y apenas se hubiese dado a conocer en su propia tierra la obra que había realizado. Quiso la fortuna, para los que eramos sus compañeros, que Manuel pidiese permiso para instalar provisionalmente sus obras en el aula taller, en que impartía clases. Ninguno de los que tuvimos esa fortuna de ver, un día sí y el otro también, muchas de sus mejores obras, podrá olvidar el aula que se encontraba a la izquierda, nada más recorrer el largo pasillo de entrada a la Escuela, de Irineo González, frente a la portería. En nuestra escuela permanecería Manuel hasta el año 1990, fecha en la que continuó la docencia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna.
Valga como una ilustración clara del desconocimiento, indebido, a que aludimos, y del que no puedo menos que considerarme uno de los afectados, al que se le había hurtado ese conocimiento, respecto a la trayectoria y la obra de Manuel Bethencourt, que la primera exposición realizada, tras su vuelta a Canarias, en la Sala de Arte y Cultura de la Caja General de Ahorros de Canarias, en La Laguna, y a continuación en Puerto de la Cruz, fue todo un acontecimiento y todo un descubrimiento, para los propios escultores de las islas, y para los amantes del arte en general.

De izda. a dcha., Berto Concepción, Pedro Rguez., Pepe Darias,
Claudio Schez., Manuel Bethencourt, Marisa Bajo, Celestino Hdez.,
Medin Martín y Carmensa León.
En estos momentos prefiero recordar al compañero y al amigo, con el que tuve ocasión de compartir distintos momentos, que ahora se vuelven inolvidables, y que para mí suponen un auténtico regalo de vida, compartida con uno de los grandes de la escultura canaria. Señalaré dos de esos momentos vividos junto a Manuel Bethencourt. El primero de ellos, al que corresponde las imágenes que acompañan esta crónica de recuerdo a Manuel, y cuyas fotos debemos agradecer al compañero Pedro Rodríguez, tuvo lugar en el municipio sureño de Arafo, que quiso el escultor convertir en su última residencia, y en donde, según hemos tenido oportunidad de conocer, dejó escrito que deseaba se convirtiera en su ultima morada. Hasta su casa nos desplazamos, el 28 de junio del año 2008, un grupo de amigos, pertenecientes al colectivo Partecan, para compartir el setenta y siete cumpleaños, que Manuel había cumplido días antes, junto a su compañera Marisa (Manuel Bethencourt había nacido en La Habana, Cuba, el día 21 de junio de 1931). Los compañeros y amigos Pepe Darias, Medin Martín, Claudio Sánchez, Miguel Ángel Díaz Palarea y Berto Concepción, junto con quien les escribe esta crónica, y a los que se nos unió la escultora Carmensa León, natural y residente también en Arafo, quisimos compartir una jornada con Manuel y Marisa, además de ofrecerle nuestro personal y privado reconocimiento. Después de visitarle en su casa y taller de la calle principal de Arafo, que sube desde la plaza de la Iglesia, y poco antes de llegar a la que fue casa del padre del nacionalismo canario, Secundino Delgado, nos trasladamos a un singular "restaurante", más bien chiringito, no lejos de su casa, que tiene la particularidad de estar ubicado en buena parte en una cueva. Estoy seguro que aquél fue un momento que no se borrará de nuestra memoria, para ninguno de los que allí disfrutamos charlas y copas junto a Manuel.

De izda. a dcha., Pedro Rguez., Claudio Schez., Miguel Ángel Palarea,
Manuel Bethencourt, Berto Concepción, Pepe Darias, Celestino Hdez.
y Medín Martín.
Finalmente, quiero señalar también el honor que me cupo en compartir, con unos muy pocos amigos, el ochenta, y a la postre último, aniversario de cumpleaños de Manuel Bethencourt, el pasado junio de 2011, en su casa de Arafo. En esta segunda ocasión, que he querido recordar ahora, nos encontramos, en torno a Manuel y Marisa, la galerista Magda Lázaro, profesional que más ha llevado la obra de Manuel, en los últimos tiempos, y también Marcelo, Miguel Ángel Díaz Palarea, Carmensa León y quien de nuevo hace esta crónica de recuerdo y homenaje a Manuel Bethencourt. Ese día, tan reciente, y ahora de recuerdo para siempre, Manuel quiso devolvernos de algún modo el homenaje y reconocimiento, que nuestro grupo Partecan le había hecho anteriormente a él. Tal es así que se desvivió en prepararnos una serie de platos, para brindarnos, entre los que se encontraba un arroz negro, con una receta que nos decía había tenido acceso a ella hacía ya muchos años.
Manuel, mucha suerte en tu nuevo destino. Ten para siempre mi agradecimiento, la alegría de haberte conocido y compartido trabajo y amistad. Y para ti, Marisa, todos te debemos una parte del enorme esfuerzo y cariño, que pusiste, durante muchos años, en el compañero Manuel. Nos sigues teniendo aquí.

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